¿Cuál es la relación entre el perdón y el olvido? Resumen del 4º diálogo filosófico en Navalcarnero

El regreso del hijo pródigo, Ersnst Barlach.

Este miércoles volvimos al centro penitenciario de Navalcarnero un poco nerviosos, la relación entre el perdón y el olvido es un tema que está muy presente en nuestras vidas, pero que no habíamos abordado en profundidad desde un punto de vista filosófico. Al preparar el taller, en seguida nos fuimos al cristianismo, a las parábolas del hijo pródigo y el episodio de Jacob y Esaú, como ejemplos del perdón incondicional que San Agustín consideraba el mayor poder de Dios, fruto también de su amor incondicional por la creación. Pero también al budismo, que con su concepción del Karma también ordena perdonar, para no cargar con el peso de los sentimientos negativos que acompañan a una falta, o al islam, cuya comprensión del perdón es similar a la del cristianismo… Pero nuestra pregunta no era solo sobre el perdón, sino sobre su relación con el olvido.

Finalmente, llegamos al taller con unos cuantos textos que hablaban del perdón y con el caso de Sarah Montana, una guionista que 7 años después de que un amigo de su familia asesinara a su madre y a su hermano reflexiona sobre el perdón.

No obstante, antes de iniciar el diálogo hicimos nuestra habitual ronda de expectativas. En ella aparecieron muchas ganas de abordar el tema, pero también de compartir algunas ideas sobre el tema del diálogo anterior, o sobre la filosofía misma, pues uno de los asistentes nos cantó una canción de rap en la que presentaba el pensamiento filosófico como arma contra la injusticia social. Parece que no habrá dificultad en convertir nuestras libretas en diarios filosóficos. Dos compañeros leyeron textos en los que reflexionaban sobre la libertad y el determinismo, y aprovechamos para introducir lo que es una disertación filosófica. Teníamos preparados los materiales y nos alegramos de poder compartirlos. Y ya sí, nos pusimos a hablar sobre el perdón.

Al presentar la actividad disparadora del diálogo, en la que proponíamos ponernos en el lugar de Sarah y pensar si personaríamos y olvidaríamos lo ocurrido, el compañero que había propuesto el tema nos advirtió de la diferencia entre el tratamiento del tema dentro de prisión y fuera. Él está en un programa de justicia restaurativa y nos leyó un escrito en el que reflexionaba sobre la dificultad del perdón, de su relación con el olvido y de su función. Perdonarse a uno, ser consciente de la falta, pedir perdón y recibirlo no son lo mismo, y en ningún caso olvido y perdón pueden asimilarse, aunque pueden aparecer juntos…

!Perdonar nos manda Dios!, Luis García San Pedro, Museo del Prado

Después de esta intervención, que fue interesantísima, volvimos a la actividad y en seguida aparecieron una diversidad de opiniones en cuanto a las relaciones entre olvido y perdón, y también sobre la necesidad y la función del perdón en nuestras vidas. Empezamos pensando en la necesidad de tomar distancia del dolor y del deseo de venganza para poder perdonar, porque para algunos perdonar era necesario, pero ¿es lo mismo olvidar que distanciarnos de la falta que nos han hecho? ¿Podemos olvidar el dolor que otra persona nos ha infligido? ¿Qué es lo que olvidamos? ¿Se puede perdonar sin olvidar? ¿y olvidar sin perdonar? Algunos compañeros compartieron experiencias personales y aparecieron ideas muy interesantes, como la necesidad de recordar de alguna manera el daño para poder perdonar y de resignificarlo. Distanciarnos del dolor no tiene por qué ser olvidarlo, sino enfrentarlo de otro modo, comprender la complejidad de la situación, empatizar con la otra persona y, despojándola de lo que en el momento del crimen fue, perdonarla como cualquier otro humano. La misma Sarah Montana perdonó al asesino de su madre y hermano, para ella, perdonar fue posible cuando entendió que la persona y la acción no son lo mismo, pero sobre todo cuando vivió el perdón como su propia liberación, separándose de la idea de que el perdón y la reconciliación son lo mismo.

En el diálogo, apareció la idea de que el perdón es algo que ocurre en nuestro interior y que tiene que ver con nuestra personalidad. Para perdonar, necesitamos realizar un ejercicio de la voluntad que no es necesario para olvidar, y el perdón puede dirigirse hacia el otro o hacia nosotros mismos. El proceso del perdón puede durar toda una vida y muchas veces nos engañamos en el mismo, ¿Cuál es el valor de la palabra perdón en nuestra vida cotidiana? ¿Lo decimos de verdad o es solo un comodín bajo el que guardamos las faltas que luego echamos en cara? ¿Cuál es el valor de las palabras?

El catecismo católico afirma que para perdonar es necesario el arrepentimiento, la confesión y la enmienda o restitución del mal, la cual en el contexto religioso aparece ligada a la penitencia. ¿Son estos tres pasos necesarios en el perdón? ¿Basta con pedir perdón o es necesario que la otra persona me lo dé?

Estas y otras muchas ideas nos mantuvieron ocupados durante más de una hora que en esta ocasión se hizo más corta de lo habitual. Cerramos la sesión con una evaluación figuro analógica en la que preguntamos por el valor de la actividad. Algunos compañeros escogieron la imagen de unas piedras porque se quedaron con sed de más, otros la maleta por la riqueza que veían en las prendas y también por la variedad de colores que asimilaban a la jovialidad del diálogo, y por supuesto, para algunos el tesoro reflejaba la riqueza del aprendizaje que se llevaban de la sesión…. Para mí, que fui la dinamizadora, había mucho de las tres imágenes, pero sobre todo también me iba con sed.

El miércoles 1 de junio volveremos para hablar sobre la verdad, y esperamos tener muchos escritos que leer de los internos. Pronto os lo contaremos.


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